Mantenimiento quiropractico y bienestar (I)

Muchos pacientes se presentan por primera vez en una consulta quiropráctica con una queja específica, una dolencia concreta o un malestar general. Motivados por sus síntomas, entienden enseguida por qué se tiene que seguir un plan de cuidado específico y adoptar una frecuencia de ajustes vertebrales intensiva y constante al principio del cuidado. Pero una vez que han superado la primera fase muchos se preguntan: ¿Por qué tengo que seguir si ahora me siento bien y no tengo dolor?.
En esta nueva serie de artículos explicamos la importancia de un cuidado de mantenimiento, sus diferentes fases y sus factores principales. Una vez entendidas las premisas y fundamentos de la filosofía holística y vitalista de la quiropráctica, toman sentido las recomendaciones de chequeos vertebrales regulares para TODOS y durante TODA la vida.
EL CUIDADO DE BIENESTAR:
¿PARA QUE? ¿PARA QUIEN? ¿PARA CUANTO TIEMPO?
En este tipo de cuidado, el enfoque se centra en buscar las causas principales o primarias de cualquier trastorno, enfermedad o malestar y luego corregirlas y hacer las modificaciones necesarias en su estilo de vida para lograr una función normal y óptima del cuerpo.
La mayor diferencia entre el cuidado quiropráctico de bienestar y un tratamiento médico tradicional es que la intención del primero es la de devolver al cuerpo sus capacidades naturales de recuperación. El cuidado de bienestar no añade nada a su sistema/cuerpo, sino que elimina de él cualquier elemento que pueda interferir con su función normal ya que el cuerpo sabe exactamente lo que debe hacer cuando no hay interferencias. El cuidado médico estándar, por otro lado, trata los síntomas añadiendo algo desde fuera – un medicamento, una sustancia o una cirugía.
De adentro hacia fuera V. De afuera hacia dentro Si un paciente tiene hipertensión, el enfoque médico sería prescribir un medicamento para bajar la presión arterial y pedirle al paciente que tome una dosis diaria. Eso puede bajar la presión arterial pero no mira a la causa primaria de mal funcionamiento (por qué sube la presión), y consecuentemente somete al paciente a los riesgos de los efectos secundarios que pueden complicar su recuperación. Sea un problema nutricional, una mala función del sistema nervioso o un efecto de demasiado estrés, la mediación puede bajar la presión, pero sin tocar la raíz del problema.
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